|
|
|
|
Al leer el diario, una noticia me hizo pensar: ¿cómo personas que se dicen civilizadas hacen una cosa de esas? ¿Será que están tan ciegas a punto de no darse cuenta de lo ridículo de una cosa así?
La curiosidad del lector, todavía no será satisfecha, porque antes contaré una historia para ilustrar el hecho.
Estaba próximo el cumpleaños de mi tío Juan. Pensé en darle una sorpresa, haciéndole un regalo poco usual, pero que, sin duda, iría agradar a aquel seguidor de los enseñamientos católicos.
Mandé hacer una pequeña caja de metal bañada de oro, con tapa de cristal transparente y toda forrada con terciopelo rojo.
Pero esta caja,que se parecía a un alhajero, no era la parte principal del presente. Lo que coloqué en el interior de la caja, verdadera reliquia de la familia de mi tío, me costó un enorme trabajo y hasta dinero para, confesando a ustedes, sobornar a la persona que facilitó la obtención de tal preciosidad.
Fui a la fiesta, en que solo personas íntimas de mi tío asistieron, pues las fiestas suntuosas, en su casa, ya no sucedían desde el fallecimiento de mi tía unos 5 años atrás.
Esperé la ocasión en que mi tío y sus 2 hijos estuviesen juntos para, con orgullo que no conseguí disfrazar, entregar aquella preciosidad para la familia.
¿Cuál no fue mi sorpresa cuando abrieron la cajita y dijeron en una sola voz. "¡Qué cosa horrible es esta?!"
Respondí: "Es una reliquia, el hueso de uno de los dedos y dos dientes de la tía Emilia, que me costaron mucho dinero conseguir en el cementerio, pues el sepulturero no quería dejarme retirarlos de la urna donde se encontraban, junto con los demás restos". Ni bien terminé la frase, tuve que huir rápidamente, por la puerta hacia afuera para no ser golpeado, pues los tres, furiosos, fueron para agredirme, sin parar de gritar: "¡Profano! ¡Miser-able Profano!"
Hasta ahora no entendí, ¿por qué profano?
Hice lo que me pareció que les gustaría, pues en la foto del diario, una multitud estaba alrededor de una reliquia semejante a esta y parecían muy ansiosos para ver y tocar la caja que la contenía.
Termino aquí la historia, profana y ridícula, y pienso que, seguramente, nadie en perfecto juicio, haría tal cosa. ¿No haría? Hacen. Volvamos al inicio de la narración hablando de la noticia inspiradora que es: "Relicario de San Antonio llega al Valle. Pieza de adoración, contiene cuerdas vocales y una costilla del evangelizador. Los restos mortales del Santo llegaron al Brasil, el día 15/04/99, llegados de la ciudad italiana de Padua y deben recorrer 64 ciudades. En el relicario, que es dividido en dos módulos hechos de oro y vidrio, están guardadas las cuerdas vocales y la costilla de San Antonio, que nació en Lisboa en 1.095 y murió hace más de 800 años".
No vamos a quedarnos solo con este caso, pues los defensores de los religiosos pueden argumentar que esto es un hecho aislado.
En las remotas civilizaciones, encontramos en sus historias, como la humanidad era idólatra, apegándose a ídolos de todos los tamaños y formas, hechos de barro, madera y hasta de oro, como es el caso del becerro de la época de Moisés. Pero la humanidad mejoró, se modernizó y piensa que ya no adora ídolos, sino solamente a Dios, como manda el primer mandamiento.
Dice: la humanidad piensa que no adora más a los ídolos, pero solo a ellos adora.
Otro ejemplo de esta adoración idólatra es la historia del llamado ahora Luis IX de Francia, que vivió entre 1.214 y 1.270, reinó de 1.226 hasta su muerte y fue canonizado en 1.297, siendo conocido, a partir de ahí, como San Luis.
Era un obsesionado por las reliquias, mandó construir en París, a Saint-Chapelle (Santa Capilla) para proteger la más preciosa de las reliquias que él consiguió obtener: la pieza "representada" como la corona de espinas de Jesús, comprada del gobierno de Bizancio.
Este rey, tan atraído por las reliquias en vida, fue transformado, también en reliquia después de muerto. Es el hechizo volviéndose contra el hechicero, si no veamos: Su cuerpo fue hervido, en Túnez, para que se separasen las entrañas y los huesos.
Las entrañas fueron llevadas para Sicilia, donde reinaba el hermano y compañero de la Cruzada, Carlos de Anjou. Los huesos fueron transportados para Francia, donde comenzó la gran distribución: el cráneo, para a Saint-Chapelle, los maxilares, para la catedral de Saint-Denis, otro hueso, para Notre-Dame, otro todavía, para Reims. Con el pasar de los siglos, pedazos del rey continuaron siendo regalados. Todavía en l.926, el arzobispo de París ofreció una costilla a la Iglesia Saint-de-France de Montreal.
¿Son los modernos idólatras o no?
La vocación idólatra de la humanidad parece no tener fin.
Cuando Jesús de Nazaret, hijo de Dios, hacía su exhortación al pueblo judío, muchos fueron llamados, pero poquísimos escucharon, preferían quedarse suspirando y gimiendo a la espera de su ídolo imaginario, Elías: "¿Cuándo vendrás Elías? ¡Ei! Elías ven a traer el soplo de tu voz, la luz de tus conocimientos para ese sufrido pueblo, no tardes, ¡Ei profeta!, la humanidad entera ansía por tu llegada y solo en tus palabras y enseñanzas, depositaremos nuestra confianza.
Mientras tanto, Jesús de Nazaret, predicaba, pero no lo oían, porque decían: "Está confirmado, de Nazaré no viene nada que sirva".
Jesús trató de abrirles los ojos para esta locura idólatra: "En verdad os digo, Elías ya vino y vosotros no lo reconocisteis"; se refería a sí mismo. Pero una venda les cubría los ojos, no lo veían y no lo oían.
Perdieron la oportunidad, como notamos ahora. Espere un poco, ¿nosotros lo notamos? ¿Será?
Antes de seguir, voy a enumerar otros ídolos muy comunes en la humanidad actual, para que no piensen que es cosa del pasado y solo de la religión católica. Recientemente una mujer murió en Río de Janeiro, en un accidente, cuando estaba reverenciando, junto con diez mil personas, su ídolo, Edir Macedo, obispo de la Iglesia Universal.
Otros adoran ídolos por los cuales darían su propia vida, tales como: cantantes, actores, atletas, presentadores, etc. Otros, a cambio de prestigio o dinero, harían cualquier cosa, como por ejemplo, el lavado de la Iglesia de Nuestro Señor del Bonfim en Salvador. Fieles, que frecuentan cultos afrobrasileros o tiendas espiritistas y, al mismo tiempo, frecuentan el altar católico para recibir la hostia son típicos del "sincretismo religioso" nacional.
La pelea por los fieles, que representan dinero al contado, sin necesidad de declaración o control, hace que la creatividad del hombre, con el auxilio de los medios de comunicación, no tenga límites éticos o humanos.
Todo vale en la batalla por los fieles: exorcismo evangélico en vivo, vía televisión, canonización acelerada de los candidatos a santo en Brasil, al final vamos a cumplir 500 años y los fieles brasileros quieren también rezar para santos patricios, como es hecho en otros países, como Perú, Venezuela, Estados Unidos y hasta Japón y Corea. Y los evangélicos, en su mayoría, arrogantes y prepotentes, siempre llevando, con orgullo a su ídolo de papel, la Biblia, sin haber buscado nunca el origen de ese libro, siguen las enseñanzas de Constantino Magno y su madre Helena y ni saben de eso.
Nunca intentaron saber, tienen que memorizar la Biblia para transmitir, a las otras personas, como grandes sabios, intelectuales y letrados, capítulo... versículo...y "está todo dicho".
Si buscasen en el mensaje del Maestro: "Buscad yencontraréis, golpead y se abrirá a vosotros", ya haría mucho que estarían avergonzados, en sus casas, tratando de no interferir en la vida de nadie.
Podría quedarme aquí mucho tiempo todavía enumerando ídolos, pero solo quiero contarles otro: los espiritistas que parecían tener el camino hacia arriba, no lo tienen, porque se hicieron ídolos a sí mismos y se veneraron a ellos mismos, como criaturas especiales de Dios. Hablan de su mediunidad como si el propio
Jesús estuviese allí, siempre a su disposición para conducirlos y aconsejarlos, cuando no también para opinar de las personas conocidas por ellos. Esos irán a resbalar bien hondo, por no haber respondido al llamado Crístico, prefiriendo continuar en la propia adoración de sus facultades mediúnicas, no entendiendo que aumentaron las heridas del alma en lugar de curarlas.
Volvamos a la frase donde digo que la humanidad perdió la oportunidad de la salvación, cuando fue la llegada de Jesús, y que nosotros ahora percibimos.
¿Nosotros percibimos? ¿Será?
Hoy no conseguimos darnos cuenta que estamos constantemente buscando ídolos y nos olvidamos por completo el primer mandamiento "Amar a Dios sobre todas las cosas". Cada vez más la miseria cae sobre la tierra. Cada vez más se muestra la inconsistencia de las estructuras falsas de toda la actividad humana hasta ahora.
Cada vez más es evidente la prueba de su incapacidad. En medio de la confusión creciente, todo comienza, poco a poco, a dudarse, excepto una cosa: la presunción humana al respecto de su propia supuesta capacidad. ¡Cuanto menos el ser humano tiene para dar, tanto más trata de agarrarse en las insignificancias terrenas exteriores, en las distinciones humanas, en una falsa necesidad de equilibrio. Así mismo cuando, en horas silenciosas, sienten cualquier duda dentro de sí, tratan luego alborozadamente de todavía ser considerados como conocedores a cualquier precio!
Hace cerca de dos mil años, "sabios" seres humanos anunciaban la hora de la llegada de un poderoso Salvador de la humanidad. La mayoría de esos sabios querían, sobre todo, reconocerse a si mismos como ese Salvador, o, cuando había en ellos un poco de modestia, querían encontrarlo por lo menos en su círculo.
Suspiraban por Elías y escupían al Nazareno, el hijo de Dios, siendo Él el Elías esperado. Pero los seres humanos solo quieren oír aquello que es de su interés terrenal e inmediato, aceptan todo, siempre que no interfiera con su modo de vida, con sus heridas y que muestre un ancho camino rumbo al cielo donde Dios deberá estar esperándonos con un banquete, cargando una vasija con agua y una toalla, para lavar los pies de esa cansada humanidad, porque todavía tendremos críticas sobre el tipo de nube usada a lo largo del camino recorrido.
Dos mil años y nada cambió. "Devotos" rezan a Dios, rogándole que los libre de la confusión. Pero se evidencia que esos fantoches terrenales buscan agregar, en la expectativa de la atención, determinadas condiciones a Dios, deseando tener ese Salvador exactamente de acuerdo con sus ideas. Quieren transformar Dios en su esclavo servicial, que apenas debe ser reconocido para el bien de los pequeños seres humanos terrenales.
¡Nosotros, seres humanos, llegamos a creer que un emisario de Dios necesite adornarse con futilidades terrenas! Esperamos que él tenga necesidad de orientarse por nuestras restringidas concepciones terrenales, con el objetivo de reconocernos, y de esta forma conquistar nuestra fe y nuestra confianza. ¡Qué presunción, qué pretensión! ¡La presunción será aniquilada en la hora de la realización, juntamente con todos aquellos que se entregaron a tal ilusión en sus espíritus!