UNA HISTORIA DE TERROR

Un viernes por la noche, me dirigía al aeropuerto donde embarcaría para una visita a mi amigo Tom.

Durante el vuelo, vinieron a mi memoria los hechos ocurridos hacía tres años con la familia de mi amigo. Tom es un hombre de unos 65 años, que trabajó mucho para hacer su patrimonio. En su pequeña ciudad, posee varios establecimientos comerciales y hasta una escuela que es la principal de la ciudadela.

Casado con Helena, con quien tuvo 5 hijos, los cuales fueron a sumarse con los 3 hijos de Tom, de su primer casamiento; una familia feliz.

Prole numerosa que fue educada en una disciplina espartana, pues tanto Helena como Tom no admitían otros tipos de conducta.

Pero a pesar de intentar una igualdad de trato para todos, era notorio para un observador atento, una cierta predilección por el primogénito de ambos, André.

Lo que llamaba la atención era el hecho que los demás también lo querían de forma especial; esto se debía a su simpatía, siempre mostrando una sonrisa amable para cuantos lo conocían.

André se convirtió ya en un bello hombre a sus 20 años.

Estaba cursando el 3 o año de la Facultad de Administración cuando todo cambió para esa familia.

Durante una fiesta, sucedió una pelea, y André tratando separar a los peleadores, acabó envolviéndose. Uno de los

luchadores, fuera de su juicio, agarró un bate de béisbol, y lo golpeó contra André, que en ese momento ya estaba sin la camisa, despedazada durante la lucha.

El bate subía y bajaba acertando a André en una parte de la cabeza que quedó parcialmente deformada; los violentos golpes desprendieron parte de la madera del bate. Allí mismo quedó André, inmóvil, ya sin respiración.

En los días siguientes podía verse en los diarios la foto de un cuerpo mutilado, y al lado el bate de béisbol faltándole un pedazo.

En la tragedia ocurrida hacía 3 años, fue la última vez que vi a Tom y a sus familiares.

Ahora aquí en mi asiento pensaba, ¿cómo habría reaccionado Tom a esos acontecimientos? ¿Cómo estaría su vida? ¿Será que todavía va al trabajo, todas las mañanas, reservando la tarde para la dirección de su establecimiento de enseñanza? ¿Cómo será que voy a encontrar a esa familia y a ese amigo?

Cuando llegué, después de los procedimientos de rutina, en el aeropuerto, al salir allí estaba Tom esperándome, como siempre muy puntual.

Durante el viaje desde el aeropuerto hasta su casa, supe que, a pesar de mucha tristeza, ya habían de cierta forma superado el impacto del terrible asesinato. 

Pero, mis amigos lectores, muchas sorpresas todavía estaban reservadas para este escritor.

Cuando llegamos, Helena estaba en la puerta, esperándonos. Nos saludamos, cambiamos algunas palabras, y cargando mi maleta, que no era grande, porque mi estadía allí era por pocos días, entré en la residencia invitado por Helena y seguido por Tom.

Al dirigirme a la sala de estar, algo sobre el sillón, colgando en la pared casi me hizo tener un infarto.

Un enorme cuadro con una foto de André, adornaba la pared, si es que se puede llamar a aquella aberración de adorno.

La fotografía de André, allí estampada, era la misma que salió en los diarios en ocasión de su asesinato.

Tom y Helena, al percibir mi espanto, vinieron a explicarme que era el último recuerdo de André y ellos querían mantener de esta forma, su última imagen aquí en esta vida.

Las sorpresas no acabaron ahí. Si el lector piensa que esta insanidad quedó solamente en esa foto, se engañó, pues, al día En los días siguientes podía verse en los diarios la foto de un cuerpo mutilado, y al lado el bate de béisbol faltándole un pedazo.

En la tragedia ocurrida hacía 3 años, fue la última vez que vi a Tom y a sus familiares.

Ahora aquí en mi asiento pensaba, ¿cómo habría reaccionado Tom a esos acontecimientos? ¿Cómo estaría su vida?

¿Será que todavía va al trabajo, todas las mañanas, reservando la tarde para la dirección de su establecimiento de enseñanza? ¿Cómo será que voy a encontrar a esa familia y a ese amigo?

Cuando llegué, después de los procedimientos de rutina, en el aeropuerto, al salir allí estaba Tom esperándome, como siempre muy puntual.

Durante el viaje desde el aeropuerto hasta su casa, supe que, a pesar de mucha tristeza, ya habían de cierta forma superado el impacto del terrible asesinato.

Pero, mis amigos lectores, muchas sorpresas todavía estaban reservadas para este escritor.

Cuando llegamos, Helena estaba en la puerta, esperándonos. Nos saludamos, cambiamos algunas palabras, y cargando mi maleta, que no era grande, porque mi estadía allí era por pocos días, entré en la residencia invitado por Helena y seguido por Tom. Al dirigirme a la sala de estar, algo sobre el sillón, colgando en la pared casi me hizo tener un infarto. Un enorme cuadro con una foto de André, adornaba la pared, si es que se puede llamar a aquella aberración de adorno. La fotografía de André, allí estampada, era la misma que salió en los diarios en ocasión de su asesinato.

Tom y Helena, al percibir mi espanto, vinieron a explicarme que era el último recuerdo de André y ellos querían mantener de esta forma, su última imagen aquí en esta vida.

Las sorpresas no acabaron ahí. Si el lector piensa que esta insanidad quedó solamente en esa foto, se engañó, pues, al día Huí por un camino en un coche que paró a mis señales, y fui hasta otra ciudad para tomar el avión hacia mi casa, porque toda la ciudad, furiosa, estaba buscándome.

La cosa no acabó ahí, fui perseguido por todos los lugares, tuve que mudarme varias veces de ciudad y de trabajo siempre usando un nuevo nombre, pero en cuanto descubrían mi paradero, comenzaba la cacería.

Ahora estoy en otro país, tuve que dejar todo atrás, pero no me arrepiento de lo que hice.

¿El lector no haría lo mismo? ¿Cómo puede una ciudad entera someterse a una rutina macabra como esa? ¿Será que el ser humano es realmente capaz, conscientemente, de cometer esos actos? ¿Será qué somos capaces de hacer tremenda cosa? Y si lo hacemos, ¿habrá alguien con coraje de decírnoslo? "Esto está errado, vamos a quemar todo esto, olvidarnos de este horrible asesinato. Vamos a recordarlo por sus actos, por su simpatía, por su amor hacia nosotros".

¿Será que alguien nos abrirá los ojos a esto? Y nosotros, ¿cómo reaccionaríamos? Iríamos a perseguirlo como los habitantes de esa ciudad? ¿O nos uniríamos a él en esa limpieza? ¿Cuál será nuestra actitud, cuando escuchemos: "Sáquenme de aquí?"